Echando chisme

February 7th, 2010

Una buena amiga me leyó a través de estas notas regadas en el tiempo, desperdigadas en intereses, tan faltas de unidad como cualquiera. ¡Qué infinita alegría saber que puedo ser leído, de alguna manera! Pues es verdad lo que ella me escribió: ando muy perdido y la única manera para enterarse de mí por estos días parece releerme. Resulta que mucho ha cambiado, y muy rápido. Azarozamente puedo comenzar diciendo que Derrida ha quedado atrás, como quedan atrás los filósofos: es decir que sólo lo leeré de vez en cuando y no con la intensión de tergiversar lo que dijo en algún escrito. Ahora quiero hacer la tesis sobre filosofía política más concreta. Derrida me cae bien, sus juegos de palabras me inquietan y me gustan pero no logré hacerlo hablar de mi proximidad tanto como quería. Ahora intentaré con algunos autores más cercanos a los problemas de suspensión de los derechos por los Estados totalitarios, naturaleza humana implicada en los derechos humanos, y otras bagatelas.

Bueno, por ese lado eso. También estoy comenzando otros retos: otras clases, otros alumnos, otros programas, nada de tiempo. Otro apartamento lejos de la vereda y quizás lejos de mí mismo. Nunca imaginé que el constante ruido de los buses, motos y ambulancias lograran alejarme tanto de mí mismo; que preparar una y otra, y otra, y otra, otra y otra clase implicara dejar tanto de lado. Hace mucho no hago visita con algunos de mis más queridos amigos y amigas. Hace días no puedo sentarme a perder el tiempo en Youtube; no tengo internet. Pero bueno, no le hace.

Uno de los propósitos del 2010 era escribir más; así fuera basura, pero escribir mucho. Como quien quiere familiarizarse con un carro y lo quiere llevar a todas partes, manejarlo día y noche sintiendo cómo la conducción se hace cada vez más natural e incluso involuntaria… así quería escribir este año. Sí, de esto, aquello, lo otro. Emergencia social como manera de salvar financieramente al país, incremento en la gasolina, fantasmagoría de presidenciables, mentiras y amenazas. De todo eso, escribir. Pero hay tanto que hacer que ni pa’ qué… Bueno, sea como fuere, aquí tendrán, ustedes queridos tres lectores (yo, tú, él) algo más para leer. Saludos.

Y al que no le guste, pues que no se meta.

En serio: hay que cerrar la llave, llave.

January 24th, 2010

Estimados lectores, si los hay,

Hace un rato veía una noticia sobre la sequía en Carmen de Bolívar, esa región brutalmente golpeada por el conflicto que en Bogotá nos parece tan lejano, por más que a pocos kilómetos, en el páramo (nótese que de allí sale agua) de Sumapaz, frontera de Cundinamarca, Huila y Meta, la guerra se libre con bombas y metalla. Esta guerra cruel, decía, ha golpeado tenazmente la zona de Bolívar, causando grandes desplazamientos.

Hoy las veredas están volviendo a  despoblarse por causa del verano. La sequía hace que la población recurra a fuentes de agua no potable y con ello las enfermedades aumentan. De las veredas al casco urbano más cercano, dejando atrás lo propio: donde se ha sembrado, dejando las raíces que los humanos echamos cuando sembramos.

Queda lejos y “nuestra” agua en Bogotá no llegará allá si no la gastamos aquí, dirá alguien. Insistirá que Duitama también es lejos, por más que mucho más cerca Boyacá que Bolívar. Horas caminando para traer canecas de agua que con el paso se riegan. Aquí, incapaces de cargar una garrafa de 5 litros por más de 10 minutos, por más de 10 cuadras, allí, dos canecas, una a cada lado de un palo largo que se pone en los hombros por más de 5 kilómetros, de agua “cruda”.

Ayer llovió en la sabana de Bogotá. Un inesperado aguacero que nos llenó de esperanza. Mis margaritas están secas, ya uno de mis tomates de árbol murió, las azaleas luchan bravamente para mantenerse vivas. Puro conato. Tenemos esta responsabilidad. Mientras en Bogotá felices abrimos la llave y sale agua, con buena presión, y hasta potable, en la mayoría del país este lujo se está haciendo imposible.

Con la energía eléctrica, se entiende, debemos también procurar reducir el consumo, por aquello de las hidroeléctricas. Hoy en Colombia algunos pueblos tienen racionamiento eléctrico, a muchos municipios más no llega este servicio.

Toca cerrar la llave, llave; incluso si hay que sacrificar las margaritas en pro de un litro más para quitar la sed humana, la sed del campesino que a sol y lluvia produce papa, cuida ganado, siembra y recoge. Brindo con un vaso de agua en favor de un año de uso razonable y cuidado del otro, de la tierra y de la vida.

Escribir por escribir, para eso es un blog, ¿no?

November 24th, 2009

Cada vez que se escribe algo es un volver a escribir. A esta tarea la acompaña siempre la pregunta por su sentido, por su pertinencia. Escribir por escribir; porque tal vez se lea, porque a veces encontramos algo que hace tiempo escribimos y nos damos cuenta de que tiene sentido, como el sentido ajeno que descubrimos siempre que leemos. Como que siempre fuera ajena la escritura. Fijar hoy para extrañarse mañana.

Salía molesto hace un rato, 10 de la noche, sólo por dar un paseo: sentir el frío bogotano. Sólo por pasear, sólo por sentir, sólo por salir. Embebido en mis preocupaciones y quejas de la propia situación -tantos pendientes, tanto qué leer, tanto extrañamiento, tan extraño para mí mismo-. -Tantos trabajos por escribir, tanto extrañamiento, tan extraño para mí mismo-. Me quejaba y justificaba mis reclamos.

Entonces el portero del edificio me dice: “con usted no he familiarizado”. ¿?¿? Familiarizado¿?¿? Se agacha un poco y saca una bolsa de chocolates, me la tiende amablemente sonriendo: “coja uno”. “No gracias” (me apenaba recibirle algo que sé es un lujo para quien gana como portero). Pero luego entendí el gesto, la importancia, y accedí. Dijo entonces: “la compré para familiarizarme con los residentes”. Claro, es nuevo, está contento de tener su puesto, tiene familia e hijos, quiere buenas relaciones. Le explico que se lo daré a mi mamá, sabiendo por dentro que es para que no le dé otro, que los guarde, que los lleve a su casa, ya sobraron para sus hijos. Es inútil: somos más residentes que chocolates. No importa, él está sonriendo, sigue contento. Un poco de amabilidad, un poco de conductismo tal vez; pero su expresión es la donación. Pasará la noche en entresueños; como los 5 porteros más de este lado de la calle, como los 6 más del otro lado. Noche larga y fría, como todas. Por cada portería 3 vigilantes, una señora del aseo, cuando menos. ¡Cuánta gente! ¡Cuánta amabilidad! ¡Cuánta desproporción! ¡Cuánta injusticia!

Es curioso. Hace unas horas pensaba en que me gusta saludar diciéndoles sus nombres. No sólo “buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches”. Es como salvar su singularidad, su historia -algo de ellos- casi nada y cada vez mucho al lado de la indiferencia. Con frecuencia fracaso. Detenerse ante la gente. Si hubiera tiempo suficiente. Cada día los propios afanes, los propios humores, los propios pensamientos obsesionantes de tantas lecturas por hacer, tanto por escribir, y tantas y tantas preguntas sobre la escritura. Tantas respuestas y tanta extrañeza. Y siempre ahí los nombres, que puedo decir, siempre el saludo posible, hoy el chocolate tendido sobre el mostrador; la persona tras él esperando, quizás también de entrada -o de salida-, su nombre.

Abrazos, lector, abrazos; a falta de nombre y chocolates.

Masacre de El Salado

October 31st, 2009

Recuerdo del festival Nuestra Voz

September 21st, 2009

Video de Jamming Social Club

Mira, ve…

September 13th, 2009

Re: Sí, cómo no que manda el argumento, monito

September 7th, 2009

Violencia de la razón: la peor. Aquí está el canon, dice ella. Habla por boca de alemanes, germanofílicos y agriegados. Porque esto no es Dinamarca, filosofía de Cum-dinamarca (Co-dinamarca). Vamos a ver las ¿co-?posibilidades. Nos tomaremos el tiempo. Con Bataille decimos “hasta el límite de lo posible”. Y agregamos siempre un poco más, un poco de exceso juvenil. ¡De cabeza a lo imposible!: Al sentido de la tierra natal. ¡Pero la nuestra! A echar raíces como las papas… A nutrirnos de nuestra oscuridad, si es el caso.

¿Me regala mil de pan?

Percepciones paradójicas

September 7th, 2009
Con la mirada perdida hacia el centro de Bogotá, del que me alejo en un bus, voy pensando en los fracasos de la humanidad. En particular pienso en lo irracional que resulta mantener miles de personas dedicadas, día y noche, a entrenarse para matar. Junto a mis zapatos hay un par de botas negras que cubren el final de un pantalón camuflado. Resulta curioso que a los filósofos nos exijan justificación de nuestro quehacer. ¿Por qué no preguntarse, para comenzar, por la utilidad de estos asesinos a sueldo?
Consumen como cualquier otro, si no más. Están armados y sometidos a la autoridad del superior, que no es la ley. Satisfacen sus necesidades y deseos con el dinero que nosotros pagamos. ¿Qué es eso tan importante por lo que los mantenemos? ¡Ah, claro!, es por seguridad. ¿Seguridad respecto de qué? No nos aseguran contra las enfermedades, de hecho, son buen caldo de cultivo para éstas, especialmente las de transmisión sexual. Tampoco nos aseguran contra el poder destructivo de las fuerzas de la naturaleza. No nos aseguran viviendas, ni trabajos, ni salud, ni educación. ¿Libertad? Para comprar, si mucho.
Quizás, seguridad respecto a hombres con camuflados y pantaneras que consumen como cualquier otro. Seguridad respecto a hombres que están armados y sometidos a la autoridad del superior, que no es la ley; nos cuidan de hombres que satisfacen sus necesidades y deseos con el dinero que nosotros pagamos por rescates, bacunas, productos agropecuarios cultivados en zonas de su dominio, etc. Nos brindan seguridad, repite la retahíla mental. Seguridad para las mujeres en las zonas apartadas, para los sindicalistas, para los indígenas y sus niños, para los pobres de Soacha, de Ocaña, de Colombia. Ahí están las botas. Ya no veo el centro.
Le doy una oportunidad: miro su rostro. No despierta en mí nada salvo un poco de temor. ¿Por qué el Estado mantiene a tantos de estos botudos e invierte tan poco en la formación para la resolución pacífica de los conflictos? ¿Por qué hacer énfasis en la coacción de las armas y no en la del mejor argumento? Mientras estos miles de personas pasen su tiempo preparándose para el combate, y combatiendo; parados en las esquinas o montando a caballo en los cuarteles, y no estudiando las condiciones de racionalidad necesarias para dar el consentimiento a una propuesta, seguiremos esperando la guerra. Esperando lo que ya llegó, pero no se ha anunciado. Lo que está a la puerta y no toca; que aguarda para entrar violentamente en la casa.
Conmigo deja el bus este hombre robusto y grande. Camina adelante; golpea con ritmo las barandas con un gran bisturí. ¡Sí!, lleva en su mano un bisturí por la calle. Allí otras botas negras, otro pantalón verde olivo. Nadie ve. Nadie mira a nadie. Sólo ven a quienes no llevamos armas; están para los que saben no llevan nada en las maletas. Seguimos caminando. Lo dejo seguir adelante con su arma en la mano. Cruzo la calle.
Agachado, junto a unas canecas, está este otro hombre. Mueve con rapidez sus manos recogiendo desperdicios. Los pone dentro de la caneca. Miro sus manos y me encuentro con restos de comida. Arroz quemado, huesos de pollo relamidos, un pedazo de papa, otro de naranja. A éste nadie lo mira. Éste que deja la basura en su lugar; que separa lo que los acomodados cerditos de la clase media no separamos. Éste, que mantiene la tierra girando, que mantiene las aguas fluyendo y las nubes volando, parece invisible. Éste: Él; sí, él, no consume como cualquier otro, ni un poco menos. No está armado ni más sometido a autoridad que usted o yo. Él no satisface sus necesidades ni sus deseos, ni con nuestra plata ni con la de nadie. Él, que recoge con sus dedos amarillos de bazuco nuestros desperdicios, no tiene botas negras, ni zapatos. Él trepará los puentes y las montañas cargando a cuestas la injusticia que paga asesinos y empobrece a los amigos.

Continuará

September 6th, 2009

“Y este país vergonzoso seguirá arrastrándose hacia adelante, con su ira sanguinaria, con sus maleantes sueltos, con su Congreso de asco, con sus militares de opereta, con sus cortes erráticas, con sus gringos inmunes, con sus ministros sin carácter (o clones revejidos del Patriarca que logran la reelección con armas bajas), con sus barrios ardiendo, con sus ríos sembrados de cadáveres, con la indigencia en la calle, con las corridas y las cabalgatas, con su alegría histérica y la impotencia absoluta de los que no tenemos más que la palabra.”

Héctor Abad Faciolince en El Espectador

Comienzo a volver a sentir la potencia de esta impotencia absoluta…

Sublime

May 26th, 2009

E quella a me: «Nessun maggior dolore
che ricordarsi del tempo felice
ne la miseria; e ciò sa ‘l tuo dottore.

Que no hay mayor dolor que recordar el tiempo feliz en la miseria ya lo sabemos todos. Pero que una persona pueda con tanta belleza escribir estos versos, y otra siglos después recitarlos con esta pasión es cosa que cabe darse el placer de atender. La belleza se impone, y una vez que aparece en nuestras vidas, nunca se va.

Read the rest of this entry »