Un hombre más, querido desde hace mucho, llega a mi tierra natal. El hijo de mi gran amigo Juan Camilo Betancur: Tomás Betancur Camacho. La alegría es indescriptible… en parte por los matices propios de la incertidumbre. Éste es mi estado de ánimo.
Tengo que escribir sobre la disposición afectiva en Heidegger. Más que la dificultad de escribir sobre esto, me altera comprenderla: cargar. La comprensión tendrá que aparecer emparentada con la disposición afectiva y con el discurso; sutilezas de las que no es preciso hablar aquí. Lo importante es que mi disposición afectiva me abre al hecho de que soy y que tengo que ser. Esto no significa otra cosa sino que mi condición fundamental es cargar con mi existencia, decidir sobre ella eligiendo, poniendo en juego, posibilidades. Imposible renunciar a tal condición. A esto abre lo que cotidianamente denominamos “estados de ánimo”.
Pensemos en primera persona. ¿Cuáles son los estados de ánimo que tengo cotidianamente? Vuelvo sobre esta alegría; mejor, sobre esta incertidumbre. Pues en toda alegría, en toda diversión, en todo placer está también en mi ánimo la incertidumbre. Me acompaña este temblor, esta incapacidad, como la llamaba mi pater; este dolor de patria. Mi ánimo es un temblor: no sé qué me es dado esperar de mi tierra natal, de mi gente. ¿Qué esperar de este pueblo que insensiblemente voltea la mirada cada día hacia su ocupación olvidándose del dolor de su gente? ¿Qué esperar de mí? Más aún, ¿qué viene para nuestros hijos? Esta pregunta no es en modo alguno un lugar común. Es una pregunta telúrica.
Ya han comenzado a llegar nuestros hijos, no son ya tan sólo posibilidades. Somos también los hijos del futuro; somos herederos de antiguos esfuerzos de patria. ¿Y qué nos pasa cuando pensamos esto? ¿Qué pasa conmigo cuando aprendo categorías de Kant, de Heidegger, de cualquiera? ¿Qué pasa cuando escribo estas frases; cuando usted las lee? ¿Acaso no vuelve a doler la patria?…
… ¿Hay sentido en la palabra cuando siguen los promedios anuales de asesinatos en decenas de miles? ¡Nuestra patria! ¡Nuestra tierra natal! ¡La tierra de nuestros hijos! ¡La tierra de los hijos de nuestros padres! ¡La patria que dolía en el pecho que resistía!
La comprensión tendrá que aparecer emparentada con la disposición afectiva y con el discurso.
¡Bienvenido Tomás! Eres heredero de antiguos esfuerzos. Llegas a la tierra de los hijos de nuestros padres. A Colombia, tu tierra natal.