Percepciones paradójicas

September 7th, 2009
Con la mirada perdida hacia el centro de Bogotá, del que me alejo en un bus, voy pensando en los fracasos de la humanidad. En particular pienso en lo irracional que resulta mantener miles de personas dedicadas, día y noche, a entrenarse para matar. Junto a mis zapatos hay un par de botas negras que cubren el final de un pantalón camuflado. Resulta curioso que a los filósofos nos exijan justificación de nuestro quehacer. ¿Por qué no preguntarse, para comenzar, por la utilidad de estos asesinos a sueldo?
Consumen como cualquier otro, si no más. Están armados y sometidos a la autoridad del superior, que no es la ley. Satisfacen sus necesidades y deseos con el dinero que nosotros pagamos. ¿Qué es eso tan importante por lo que los mantenemos? ¡Ah, claro!, es por seguridad. ¿Seguridad respecto de qué? No nos aseguran contra las enfermedades, de hecho, son buen caldo de cultivo para éstas, especialmente las de transmisión sexual. Tampoco nos aseguran contra el poder destructivo de las fuerzas de la naturaleza. No nos aseguran viviendas, ni trabajos, ni salud, ni educación. ¿Libertad? Para comprar, si mucho.
Quizás, seguridad respecto a hombres con camuflados y pantaneras que consumen como cualquier otro. Seguridad respecto a hombres que están armados y sometidos a la autoridad del superior, que no es la ley; nos cuidan de hombres que satisfacen sus necesidades y deseos con el dinero que nosotros pagamos por rescates, bacunas, productos agropecuarios cultivados en zonas de su dominio, etc. Nos brindan seguridad, repite la retahíla mental. Seguridad para las mujeres en las zonas apartadas, para los sindicalistas, para los indígenas y sus niños, para los pobres de Soacha, de Ocaña, de Colombia. Ahí están las botas. Ya no veo el centro.
Le doy una oportunidad: miro su rostro. No despierta en mí nada salvo un poco de temor. ¿Por qué el Estado mantiene a tantos de estos botudos e invierte tan poco en la formación para la resolución pacífica de los conflictos? ¿Por qué hacer énfasis en la coacción de las armas y no en la del mejor argumento? Mientras estos miles de personas pasen su tiempo preparándose para el combate, y combatiendo; parados en las esquinas o montando a caballo en los cuarteles, y no estudiando las condiciones de racionalidad necesarias para dar el consentimiento a una propuesta, seguiremos esperando la guerra. Esperando lo que ya llegó, pero no se ha anunciado. Lo que está a la puerta y no toca; que aguarda para entrar violentamente en la casa.
Conmigo deja el bus este hombre robusto y grande. Camina adelante; golpea con ritmo las barandas con un gran bisturí. ¡Sí!, lleva en su mano un bisturí por la calle. Allí otras botas negras, otro pantalón verde olivo. Nadie ve. Nadie mira a nadie. Sólo ven a quienes no llevamos armas; están para los que saben no llevan nada en las maletas. Seguimos caminando. Lo dejo seguir adelante con su arma en la mano. Cruzo la calle.
Agachado, junto a unas canecas, está este otro hombre. Mueve con rapidez sus manos recogiendo desperdicios. Los pone dentro de la caneca. Miro sus manos y me encuentro con restos de comida. Arroz quemado, huesos de pollo relamidos, un pedazo de papa, otro de naranja. A éste nadie lo mira. Éste que deja la basura en su lugar; que separa lo que los acomodados cerditos de la clase media no separamos. Éste, que mantiene la tierra girando, que mantiene las aguas fluyendo y las nubes volando, parece invisible. Éste: Él; sí, él, no consume como cualquier otro, ni un poco menos. No está armado ni más sometido a autoridad que usted o yo. Él no satisface sus necesidades ni sus deseos, ni con nuestra plata ni con la de nadie. Él, que recoge con sus dedos amarillos de bazuco nuestros desperdicios, no tiene botas negras, ni zapatos. Él trepará los puentes y las montañas cargando a cuestas la injusticia que paga asesinos y empobrece a los amigos.

Continuará

September 6th, 2009

“Y este país vergonzoso seguirá arrastrándose hacia adelante, con su ira sanguinaria, con sus maleantes sueltos, con su Congreso de asco, con sus militares de opereta, con sus cortes erráticas, con sus gringos inmunes, con sus ministros sin carácter (o clones revejidos del Patriarca que logran la reelección con armas bajas), con sus barrios ardiendo, con sus ríos sembrados de cadáveres, con la indigencia en la calle, con las corridas y las cabalgatas, con su alegría histérica y la impotencia absoluta de los que no tenemos más que la palabra.”

Héctor Abad Faciolince en El Espectador

Comienzo a volver a sentir la potencia de esta impotencia absoluta…

Sublime

May 26th, 2009

E quella a me: «Nessun maggior dolore
che ricordarsi del tempo felice
ne la miseria; e ciò sa ‘l tuo dottore.

Que no hay mayor dolor que recordar el tiempo feliz en la miseria ya lo sabemos todos. Pero que una persona pueda con tanta belleza escribir estos versos, y otra siglos después recitarlos con esta pasión es cosa que cabe darse el placer de atender. La belleza se impone, y una vez que aparece en nuestras vidas, nunca se va.

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Ley que todo lo rige: imprevisibilidad

May 12th, 2009

Para su conservación la sociedad requiere confianza entre sus integrantes. La confianza surge de un margen de previsibilidad de las acciones. En Colombia la sociedad va camino a su desaparición porque tal margen no existe. No tenemos ni idea de lo que hará el que está a nuestro lado. Podría intentar robarnos, podría atacarnos, podría matarnos, podría amarnos, o no. Nada está en nuestras manos. Esta mutua desconfianza rompe toda relación y nos sume en la tristeza de lo que parece puede ser de otra manera: caemos también en la “nostalgia peor de añorar lo que nunca jamás sucedió”.

May 12th, 2009

El sábado pasado fui a uno de los conciertos que más he disfrutado. Bajo una hermosa luna bailamos, saltamos y gozamos al son de Nawal y Sargento García. Sin embargo, como a la mitad del concierto me dije a mí mismo: “todo esto va a acabar mal, todos y todo tiene que acabar muy mal”. Veía un pogo que crecía en agresividad, aunque al comienzo no en extensión. Vi dentro del pogo a algunos armados con botellas de vidrio, de aguardiente; amenazantes, buscaban la oportunidad para romperla en la cabeza de alguien. Desde otros lugares lanzaban botellas dejando como guía la mala suerte de alguno.

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Los viajes del viento

May 12th, 2009

Los invito a que vean esta bella película colombiana. El trailer muestra algo de su belleza, pero si quieren descubrir su encanto sin esperar imágenes, entonces no lo vean. Para mí la mejor película colombiana: me habló de la Colombia que no conozco porque no sale en las noticias, que no he visitado por miedo y bobería, y que me aguarda. Colombia, tierra querida; tu música es vida y corazón, tus paisajes canciones.

Dibujo en el aire (temiendo a Funes)

May 11th, 2009

(Alguna cosita que de sopetón escribí hace un par de semanas y que quedó por ahí… ahora por aquí. Ojalá disfruten esta carta de saludo).

Renuncio. Categóricamente me niego a olvidar, también a no revivir. Me quedo con los que me mostraron la alegría. Compongo en mi fantasía esta imagen plagada de rostros; son los de ustedes, incondicionales amigos.
Me niego a olvidar tu tango, tus milongas. De Tabio no me alejo nunca más: allí el olor caliente de fermento, ya de pan ya de vino, de la noche a la alborada, tras cervezas corrimos. No me olvido de esos tintos, ni fuertes ni suaves, siempre charlados, nunca lejanos. Me niego a olvidar la montaña, sus caras, sus atardeceres, aquel amanecer nublado bajo. Me obligo, sin saberlo, a mantener en mente al primero de los hijos, al crío que con mirada de extrañeza observaba cada cara. A él que ahora habla, también ahora escribo. Un día, conversaremos sobre estas notas, y me dirás si Tabio tiene todavía los acordes de la guitarra de tu padre, de tu abuelo y los recuerdos de tus tías, siempre presentes en el corazón abierto, amable, de tu padre, de tu abuela, de tu pueblo.
No dejo partir nada de ustedes, padre y tío, que entre humo de cigarrillo y copitas de whiskey o de brandy, compartimos tardes bellas, tan lluviosas como luminosas. No olvido los tonos, la escucha, las pocas o muchas palabras de las historias que el otro contaba. Me quedo con los días siguientes a la ida, con el silencio de las casas, con la enseñanza de levantar espacios, de vivirlos y cargarlos: Kyef y Pacandé permanecerán siempre conmigo. De las historias juveniles, jamás contadas, guardaré mis intuiciones, quizás nunca elaboradas, quizás ya nunca en palabras. Las fotos y las grabaciones puedo incluso ________ (pasarlas por alto), pues no hacen falta para recordarlos.
De ti, madre hermosa, nunca olvidaré las mañanas; las caras cansadas, las sonrisas que como el sol que entra por la ventana llenan mis oscuridades con sosiego. Tus caricias, tus abrazos, tus mensajes, tus comidas, los jugos, los llamados, los regaños, la alegría. Cuando el trabajo es bello para mí es porque tú así lo mostraste. La labor constante, la mejor clave para hacer de nosotros mismos el ejemplo amable, la enseñanza sin fuetazo.
De mi hermano jamás dejaré partir de mí sus actos. Pocas palabras, pero con una acción libros de sabiduría escribes, te escriben. Tus luchas y cansancios, tus logros, tu voluntad por encima de ti mismo nunca fueron invisibles para mí. Todo esto guardo en el desvelo, a todo esto recurro en mi tristeza, en mi miedo, en la fragilidad de mis momentos.
En la soledad habitan con mayor presencia los recuerdos; por eso nos aterra, nos entristece. Está esta otra soledad de la no presencia de la no presencia, también de la tranquilidad. Ésta que ahora mismo viene mientras dejo testimonios de los recuerdos en la “permanencia” de la hoja, de la letra, que más que yo dura, que más que tú me mira, que más que el espejo me refleja. Que más que nadie sabe que es alegría lo que nos espera.
Esta hoja es el retrato que de todos ustedes, queridos amigos, hago en mi mente; entre neurosis quizás, entre tiempos pasados y futuros, salta y juega mi alma recordante, salta entre los vestidos, azul, morado, negro o rayado, con que tus ojos se adornaron, sin necesidad de ellos, y que, cadentes, hicieron que mis ojos fueran del cielo al suelo. Allí encontré una llaga, espero sane, como espero que este dibujo en el aire llegue a tu planta para que a aquellos vestidos digas que su belleza es tu deudora. Que cada una de sus arrugas en el suelo, que cada uno de sus pliegues en el aire es por ti y no por ellos.
En este dibujo los ausentes, los que las letras no alcanzan pero que el corazón extraña, que quiere, que tiene, que guarda. Nunca más un yo sin ustedes. Renuncio al vil olvido y cargo estas palabras como ahora ustedes las cargan.

Divertimento de media noche

April 22nd, 2009

Alguien dijo -quizás Franco Volpi, que absurdamente nos ha dejado ya- que la metafísica es como buscar un gato negro dentro de un cuarto oscuro. Podría decirse: el ser es este gato perdido en el cuarto de la metafísica. Pero no todo allí es oscuridad.

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¡Cuidado!

April 12th, 2009

Somos lo que hacemos de nosotros mismos, en la tarea infinita de determinarnos en los comportamientos. Podemos bien hacernos a la medida de nuestros mejores posibles modos de ser, o, de otro lado, tan sólo pasar el tiempo: someternos al incontrolable e inclemente flujo de la vida; ser vividos, dijo alguien.

Cuando por pereza o miedo, piensa otro, dejamos nuestro ser abandonado a lo que sucede, ocurre igual que con una casa inhabitada. Seres indeseables la pueblan: las arañas, los gusanos y las cucarachas se apoderan y reproducen rápidamente, sin tregua. Al comienzo están sólo en los lugares oscuros y cerrados. Éstas corren tras la nevera mientras aquéllas dominan las entrañas de las pareces. El tiempo es su mejor aliado: luego éstas, aquéllas y otras muchas se pasearán tranquilas por el piso, las paredes, la estufa, la alacena. Los intrusos son ahora señores de la casa. Los vicios así también se reproducen y refuerzan. Si no se los ataja a tiempo luego no queda más remedio que tirar la casa.

También nosotros por omisión podemos devenir monstruosos. Podemos olvidar las maneras de amar y cuidar, permitiendo así que nuestras más viciosas tendencias se apoderen incluso de los más profundos momentos de nuestro ser. ¿Queda sólo tirar todo abajo, 5 o 10 pisos?

Frente a este panorama debe recordarse esta potencia de potencia: el cuidado. Al igual que con la casa que salvamos de su devastación con la habitación y aseo, debemos nosotros mismos remontarnos a la máquina, como dice otro alguien, tomarnos en serio el instante, nuestros últimos momentos, para hacerlo memorable en la eternidad. Entonces recorreremos otras vías que por ser circulares tienen tantos sentidos como veces se recorran. La casa está a salvo mientras se la habite, se la cuide, se la mantenga en pie. En pie otra vez.

Ventana de espejos: paisaje de pasión

February 11th, 2009

“¿Qué significa visitar un blog? Allí dentro está la vida pero también el exhibicionismo, el perderse en las cosas… Los blog son asimismo una dispersión terrible y ponen de manifiesto el aspecto loco de este momento informático, la cantidad y el derroche… En ocasiones, en lugar de ser un gran mar, la Red se convierte en un pantano, que produce una impresión de intenso cansancio…”

Antonio Negri, en “Seattle: la aparición de la multitud”.

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